miércoles, 20 de julio de 2016

¿Reír o llorar?

‘He leído el proyecto de ley (61) varias veces. Espero que todo el que lo critica lo haya leído también’.


Jorge Sarsaneda Del Cid
SACERDOTE

En las últimas dos semanas he escuchado y leído comentarios como los siguientes: ‘Desde que permitieron que las adolescentes embarazadas siguieran yendo a las escuelas, han aumentado los embarazos’ (sic!); ‘el proyecto de ley (61) quita la patria potestad’; ‘no se menciona a los padres en el proyecto’; ‘quieren enseñar a los niños de primaria a usar el condón’; ‘después de eso van a aprobar el aborto’; etcétera.
Son frases que, por absurdas o estúpidas o ignorantes, no necesitan respuesta. Pero lo peor es que han sido dichas por ¡supuestos conocedores de la ‘materia’ o por sacerdotes o por abogados! Uno no sabe si reír por lo ridículo o llorar por lo mal que estamos.
He leído el proyecto de ley varias veces. Espero que todo el que lo critica lo haya leído también. Igualmente he visto que el 73 % de los jóvenes están de acuerdo con el proyecto mencionado. No encuentro mayores problemas en el mismo, sobre todo si somos una sociedad laica, plural, que busca basarse en afirmaciones científicas y valores. Por supuesto que hay que aclarar y explicar más algunas cosas, hay que acotar otras, pero en general, es una ley necesaria, actual, y hasta respetuosa.
Entonces, ¿de dónde vienen las objeciones? Hay toda una gama de ‘objeciones’ que vienen de un sector religioso (católicos y otros cristianos) y de un sector bastante mal formado y poco informado de la sociedad. Sería muy largo ir desglosando las llamadas objeciones o exponer la doctrina católica al respecto. Además, no es el lugar de hacerlo. Sin embargo, hay cuestiones fundamentales en juego.
1ª Tiene que haber educación en la sexualidad. Solo los más ignorantes se oponen a esto. La objeción más expresada aquí es que la educación en la sexualidad tiene que empezar en la familia. ¡Por supuesto que sí! Y el proyecto de ley lo acepta expresamente. Pero ¿y qué hacemos con las personas que nacen en hogares inestables (un 75 % del total)? ¿Quién imparte esa formación tan imperiosamente importante? ¿Cómo la van a iniciar quienes la tienen precariamente o no la tienen? ¿Quiénes, de los que ahora objetan, han recibido esa formación en el hogar? Yo la recibí en el colegio y de los amigos, pero ¿y el que no tiene esa posibilidad?
2ª Tenemos que formar en valores, en una sexualidad integral, que va más allá de la genitalidad. ¡Por supuesto que sí! Y el proyecto de ley lo contempla. Pero, ¿cómo va a formar en valores una sociedad que es testigo de asesinatos (Bocas, San Félix, Colón, cárcel de menores) y no reclama ni castiga a los responsables? ¿Cómo va a formar en valores una sociedad que es testigo del uso ilegal de bienes del Estado y luego vota por los mismos que hicieron ese uso ilegal? ¿Cómo va a formar en valores una sociedad con tan alto grado de infidelidad en el matrimonio? Una cosa es la teoría y otra la práctica. No nos llenemos la boca con teorías.
3ª Planificación familiar, decisiones al respecto, métodos: son temas que provocan escozor en algunos e incluso verdaderos insultos de parte de otros. Pero son temas que hay que tratar, dialogar, hablar, ESCUCHAR. Una cosa es reconocer que los católicos son mayoría en el país y otra imponer modos y normas de pensar surgidos de la autoridad eclesiástica católica. Las iglesias pueden proponer y la ley propone también, a cada quien le tocará decidir en conciencia. Lo que no se puede hacer es concluir de la propuesta de ley que de ahí van a surgir los abortos y el desenfreno sexual. ¿Por qué no atacan con el mismo empeño la propaganda de drogas legales como el ron, la cerveza, el seco, si de su consumo está claro y confirmado que surgen muchísimos más problemas sociales?
Y ya que estamos preguntando, se me ocurren algunas de sentido común: ¿Con qué autoridad moral la iglesia católica quiere imponer unas normas —bajo pecado— cuando el Estado Vaticano no ha firmado la Declaración Universal de los Derechos Humanos? ¿Por qué los religiosos no casados tienen que opinar sobre lo que hacen o dejan de hacer —en sus dormitorios— los laicos casados? ¿Quién mata más: los anticonceptivos o las guerras y matanzas que EE. UU. promueve (Iraq, Afganistán, Siria…) o apoya (Gaza)? ¿Qué mata más: el miserable tráfico de armas que promueve el ‘cristiano’ Occidente o la planificación familiar? Hay que pensar…


Las guías de educación sexual para docentes: Una lectura sociológica

Por: Doctora Enriqueta Davis Villalba, madre de familia, socióloga, investigadora y docente por más de 40 años.

LAS GUIAS

Tal y como lo señalan las propias guías: “En Panamá, se han incorporado contenidos de Educación de la Sexualidad en los programas escolares de diferentes asignaturas de Pre-escolar Primaria, Premedia y Media, como Ciencias Naturales; Religión, Moral y Valores; Educación Física; Biología, entre otras”. No obstante, las estadísticas oficiales y estudios científicos como la ENASSER, dan cuenta de que no fue suficiente dicha incorporación de contenidos y que se requería brindar apoyo a los docentes en aspectos metodológicos y didácticos para que los mismos desarrollaran al máximo la capacidad de los estudiantes para construir sus conocimientos en materia de sexualidad. Por dar solo un ejemplo, de acuerdo a cifras oficiales del MINSA – que no incluye datos de la CSS ni de las clínicas privadas – durante los 5 primeros meses del 2016 se registraron 4,880 embarazos en mujeres de 10 a 19 años lo que representa 32 jóvenes embarazadas por día. Y de acuerdo a las Estimaciones y Proyecciones de Población del INEC una tasa de 14 por cada mil mujeres de dicha edad en el país.

Entre los aspectos relevantes de las guías destacan la elaboración cuidadosa de un programa didáctico que cuenta con objetivos, competencias, recursos didácticos, talleres, tiempo de dedicación y actividades de evaluación horizontales y verticales basadas en el grado de formación de los dicentes. Todo ello guiado por  “Las diez principales habilidades para la vida que son: conocimiento de sí mismo(a); empatía; comunicación efectiva; relaciones interpersonales; toma de decisiones; solución de problemas o conflictos; pensamiento crítico; pensamiento creativo; manejo de emociones y sentimientos; y manejo de tensiones o estrés.”
Por otra parte, los contenidos de los Talleres se organizan en torno a cinco Ejes Temáticos: (1) Sexualidad, Derechos y Ciudadanía; (2) Sexualidad y Género; (3) Relaciones Interpersonales y Comunicación; (4) Desarrollo de la Sexualidad; y (5) Salud Sexual y Reproductiva. Y, para cada uno de los talleres se sugieren actividades didácticas, metodología y recursos.
PARA QUÉ SIRVE TODO ESTO?
1.    Los seres humanos somos seres sexuados desde el origen de nuestras vidas. No nacemos iguales por naturaleza. Son las leyes internacionales y nacionales las que nos dan los mismos derechos a pobres y ricos: los derechos humanos y la ciudadanía, que no hacen distinción alguna por razón de haber nacido con determinado sexo, color, etnia o situación socioeconómica.
2.    Nacemos con un determinado sexo, físicamente evidenciado por nuestros genitales, pero es la colectividad, la cultura, el imaginario de la sociedad en que nacemos que dice cuáles son los roles de género que debemos cumplir de acuerdo al sexo con que nacimos. Si hombres y mujeres fuéramos igualmente valorados en la sociedad no habría diferencias de género. Por tanto, es relevante que niños y jóvenes elaboren un proyecto de vida, metas que quieren alcanzar, sueños que quieren cumplir. Dicho proyecto contempla fechas o plazos para lograr cada hito en su vida: ser profesional, tener pareja, tener hijos, cuántos hijos tener? etc. Ello implica saber decir NO quiero, NO me gusta, NO lo voy a hacer de parte de las mujeres y SER RESPETADO ESE NO por los hombres.
3.    No es un secreto para nadie que a nivel mundial, en la era de la comunicación es cuando menos usamos la comunicación interpersonal. Tampoco lo es que, por lo general, la familia panameña – no importa como la concibamos – no se caracteriza por ser comunicativa entre adultos y jóvenes. Algunos piensan que la solución es ser amigo de los hijos, otros creen que el adulto es el que más sabe. Las dos posiciones están equivocadas.
4.    El desarrollo de la sexualidad implica que nacimos y moriremos sexuados. Cada etapa del ciclo de vida tiene sus características, necesidades y gratificaciones en el ser humano. No obstante, las malas experiencias en la niñez dejan secuelas el resto de nuestra vida. Las infecciones de transmisión sexual (ITS), los embarazos precoces, los cánceres que padecen las mujeres por el virus de papiloma humano y que afecta toda su vida futura.
5.    La salud sexual y reproductiva (SSyR) implica una serie de derechos que aluden a la salud integral de la mujer y se extienden a la salud de los hijos que traerá al mundo.  Por ello habrá de estar informada sobre las ITS. VIH y todas las situaciones que pueden afectar su salud física, emocional y mental. Según cifras del MINSA para el 2013 las mujeres de 15  a 19 años representaron el 53% de casos de VIH contra el 47% de los hombres del mismo rango de edad.
La mujer es un ser privilegiado pues es la única que puede garantizar la procreación de la especie humana. Sin ella, no hay vida, ni familia posible.

¿QUÉ TIENEN DE MALO LAS GUÍAS?

1.    El título. No debe ser Educación de la Sexualidad sino Educación en Sexualidad.
2.    La edición. Por poner un ejemplo, la de Primaria consta de 290 páginas. En verdad no me atrevería a asegurar cuántas personas las leyeron como lo hice yo.

3.    La presentación. Sería más efectivo para el público al que está destinado hacer cuadernillos cada uno con los conceptos ligados a los contenidos y a continuación los talleres.

Artículo de Paco Gómez Nadal

Torcer, manipular, asustar, mentir, confundir, aterrorizar, dictaminar, oscurecer, castigar, amedrentar, cohibir, castrar, mermar, infantilizar, frustrar… Las religiones saben de la conjugación de los verbos más perversos. No hay que confundir la religión (las religiones) con la espiritualidad, ni tan siquiera con la fe. Somos seres humanos completos cuando la razón y la espiritualidad están armonizadas, pero la religión es a la espiritualidad lo que el McDonald es a la comida sana: la cooptación y perversión burocrática de las emociones más profundas. No hay religión institucional si no hay rebaños, y no hay rebaños sin mansas ovejas que crean, a pies juntillas, no lo que su corazón o su espíritu les dicte, sino lo que el pastor de turno ordene.
Confieso que estos días estoy ofendido y asqueado por la actitud de las autodenominadas religiones respecto al proyecto de ley 61: una de las leyes más ingenuas y básicas de las que se pueden conocer en la materia. Apenas un paso adelante para subsanar el inmenso agujero de prejuicios, miedos e irresponsabilidades en los que se basa la sexualidad y la salud reproductiva de muchas personas en Panamá. La Iglesia católica, siempre tan temerosa del cuerpo humano y de sus deleites, pide que el proyecto retroceda y vuelva a debatirse, cuando solo hay que leer las actas de la Asamblea para constatar que quien tuvo algo que decir lo dijo. El proyecto de ley en ningún momento amenaza la patria potestad de esas dichosas familias, a las que ahora se apela, y en cuyo seno quedaron embarazadas 10 mil 735 chicas de entre 15 y 19 años en 2014.
Los obispos panameños nos regalaron la pasada semana un ejemplo de literatura decimonónica al escribir en su pronunciamiento: “No podemos aceptar experimentos que han fracasado en otros lugares, pero tampoco podemos desconocer que tenemos que actuar, como sociedad, ante la asfixiante situación que viven nuestros niños y niñas, bombardeados por un entorno hedonista y procaz, que desde la música, los programas televisivos, la prensa sensacionalista, el ciberespacio cargado de pornografía, y las propuestas publicitarias basadas en clichés eróticos, invitan a la sensualidad y al placer sin convicción, responsabilidad ni amor fecundo”. Claro, y por eso no quieren educar a los menores para que resistan mejor a esos impactos. Los obispos podrían pronunciarse con la misma vehemencia respecto a los 4 mil 812 casos de delitos contra la integridad y la libertad sexual. Pero no… eso debe ser parte de la cultura patriarcal que se alimenta desde los patriarcales púlpitos.
Los obispos piden, además, una educación sexual que no violente la dignidad de “nuestra niñez y juventud con nociones reduccionistas de una sexualidad banalizada y empobrecida”. Es evidente que no se han leído las cartillas propuestas por el Meduca. De hecho, las dichosas cartillas de las discordia son de lo más conservadoras. Es casi imposible encontrar algún tipo debate sobre la homosexualidad, no hay referencia a la transexualidad, la bisexualidad o la asexualidad… En fin, que son cartillas pensadas para no escandalizar. Pero lo cierto es que en Panamá el estado colonial de la institucionalidad religiosa recuerda más a la inquisición que al papa Francisco.
Nada nuevo sobre la religión católica: esa que desoye a su propio papa cuando este es razonable y que calla los escándalos sexuales de sus propios sacerdotes para no perder ni un ápice de su autoridad (no siempre moral) sobre el rebaño.

Pero a la Iglesia católica y sus miedos a todo lo que empiece por la partícula “sex” estamos acostumbrados. Ahora, además, debemos lidiar con los fanáticos homófobos de otras religiones cristianas. Estas gentes han convocado a una gran marcha el 13 de julio, con un cartel asqueroso en el que relaciona el proyecto de ley con una foto maniquea de dos niños varones besándose. Es decir: la educación sobre salud sexual es equivalente a promocionar la homosexualidad, como si la homosexualidad fuera una moda o una opción inducible. Estos fanáticos peligrosos no consideran que las películas violentas, los programas sexistas o la desigualdad laboral y social entre géneros sea un problema… todo el mal para ellos se concentra en la homosexualidad potencial. Cualquier sicólogo en prácticas les diría que salgan del clóset o dejen de fastidiar al prójimo. La manifestación, al igual que la inundación de fanatismo en las redes sociales, se convoca bajo otra manipulación: la utilización del Génesis 1:27 de forma literal. “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Es decir, que si lo interpretan de forma literal, Dios era bisexual porque a su imagen y semejanza creó a un varón y a una hembra. Claro que para los amantes del Pan y Génesis Dios era un mago maravilloso que “hizo las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas” (Génesis 1:16). Pues apaguemos la lumbrera mayor y volvamos a las cavernas porque Panamá está secuestrada por unas sectas peligrosas que están forzando un debate artificial para castrar una ley tan necesaria como limitada.

La hipocresía y la Ley de Educación Sexual integral

Dr. Ricaurte Pacheco Tack

Hace 25 años atrás, cuando dictaba la asignatura Bases Biológicas de la Conducta Humana , para alumnos de primer año de la Escuela de Sicología, me encontraba explicando la herencia del sexo en nuestra especie y la diferencia de las fórmulas cromosómicas entre un varón y una mujer, un excelente alumno de unos 22 años cuyo nombre no recuerdo, ni viene al caso recordar, me preguntó: ¿Cuál es el complemento cromosómico de los homosexuales y las lesbianas.? Allí me percaté. recién llegada de estudiar afuera, de la falta de educación sexual que teníamos en nuestro medio y la relación con los embarazos indeseados. Este tipo de pregunta se ha venido repitiendo hasta la actualidad.

Estamos en un país donde abundan los hipócritas que fingen una moral, sentimientos o creencias religiosas que no tienen y además, continuamente se dan golpes de pecho; donde muchos aceptan a las queridas (en especial si el amigo casado o no “tiene plata”); donde la prostitución tanto de mujeres como de varones no es censurada y menos castigada ni tampoco las mancebías a donde “se va de putas” los viernes; donde están de moda las "table dance" ; se hacen despedidas de solteras con famosos strippers; donde algunos “viejos verdes” andan con muchachitas que pueden ser sus nietas para demostrar que son hombres; donde hay una enorme cantidad de hogares desmembrados, donde hay que "ensillar un gallinazo" para que el padre que se largó, pague la pensión de los hijos, donde series de televisión como “sin tetas no hay paraíso” y otras que ensalzan a los “narcos” están al igual que muchos reggaetones vulgares en el “top seller” . Todo esto es el resultado de la falta de educación sexual y de la ignorancia de muchos independientemente del estrato social y así también de la intromisión de las iglesias en especial la de tradición judeocristiana. En efecto, recuerdo el caso de un conocido que se fue con otra y la mujer decía “que era una prueba de Dios” lo triste es que todavía la tiene puesta a prueba.

Es tal el desconocimiento (en este país todo el mundo opina de todo y es experto en todo) que muchas personas no comprenden que la sexualidad evoluciona a partir del nacimiento, que el proceso de maduración de las células sexuales (gametas) se inicia en la vida intrauterina y que la reproducción de las especies es un reflejo de la capacidad de replicarse de la molécula del ADN. Una prueba de la ignorancia imperante es que hace cerca de 10 años no hemos podido finiquitar este tema y estamos pagando sus consecuencias.

Una Ley de Educación Sexual Integral, es un tema muy distinto al de los manuales de instrucción que se puedan elaborar y utilizar de acuerdo a cada edad , para el logro de un tratamiento objetivo del tema con miras a reducir, los casos derivados de la falta de educación sexual a nivel nacional.

Que aquellos que se oponen a esta Ley, incluyo a todas las iglesias, se hagan cargo de las adolescentes que han perdido sus sueños; de los abortos clandestinos y de las muertes de adolescentes a causa de manipulaciones ilegales o de sus suicidios; del tratamiento médico de las contagiadas con el VIH, el VPH y otras ETS, de los niños que han nacido con malformaciones congénitas y de la educación de esos inocentes así concebidos. A todo esto, cuántos de los que se oponen a esta ley se han tomado el tiempo para hablar del tema , y que grado de preparación tienen para tratarlo con sus hijos? La respuesta común: si sales preñá te vas de la casa

Ps:

A todo esto siempre se hablan de las adolescentes y que pasa con el varoncito “que puso la semillita” para que la cigüeña al cabo de cierto tiempo traiga al baby de Paris ( o de por acá cerca) ?

‘Frenasexo’ vuelve a las andadas: Daniel R. Pichel

Por:  Daniel R. Pichel
En marzo de 2008, en esta misma columna, describí al “Frente Nacional para la Sexualidad Ordenada (Frenasexo)”. Este grupo se activa cada vez que se menciona la salud sexual y reproductiva, como en las últimas semanas, cuando ha vuelto al ojo público el proyecto de ley 61, y los borradores de las guías que desarrolla el Ministerio de Educación (Meduca) para incluir la educación sexual en el currículo escolar en Panamá.
Acordes con su agenda, le ven peros a todo. En esta ocasión, la pataleta es por el nombre “Educación Integral en Sexualidad” (EIS), porque es una “imposición de Naciones Unidas”, que es ahora su enemigo público número uno. Además, cuestionan una cosa que inventaron sus colegas de los movimientos “frenasexuales” en todo el mundo, que llaman ideología de género y que, según ellos, patrocina el lobby gay (otra de sus obsesiones), para apoderarse del mundo. Al final, sus argumentos se pueden resumir en dos conceptos: Homofobia y fanatismo.
En 2008, se quejaban porque no se incluía lo afectivo (eje básico de la EIS), luego, que no se hablaba de abstinencia, luego, que solo se hablaba del condón, ahora de la EIS, y no dudemos que en el futuro seguirán cuestionando todo lo que se proponga. Porque el objetivo final es bloquear la educación sexual. A pesar de que los hijos y nietos de las voceras reciben EIS (posiblemente con otro nombre) en sus escuelas privadas.
Lo peor son las mentiras que usan como argumentos. Hasta que conocimos los borradores de las guías para el docente, dijeron que había talleres en donde los maestros supervisaban la masturbación entre niños de primaria; que había guías de posiciones sexuales y que se incitaba a la homosexualidad entre niños de primaria. Cosas todas que solo pueden salir de la mente de un montón de enfermos llenos de traumas sexuales. Ahora que vimos las guías y ha quedado clara la mentira, se quejan de que en un párrafo se habla de “imaginarse si los niños fueran niñas y las niñas fueran niños”. Eso, cuando los objetivos dejan claro que se refiere a demostrar en qué consisten las concepciones sociales de los roles que se han dado a llamar masculinos o femeninos.
Entre sus quejas, además de su ya reconocida homofobia, figura la posibilidad de que un adolescente busque atención médica sobre temas sexuales o reproductivos, y que el médico no corra a contárselo a los padres. Se niegan a entender que la confidencialidad médico-paciente no es negociable. Al margen de que la ley de derechos del paciente la establece, ningún médico responsable pondrá en riesgo la confianza de sus pacientes, porque a un grupo de fanáticos se les ocurra. En casos donde se sospeche abuso o violación, está definido el procedimiento para que el médico denuncie ante las autoridades la sospecha de algún delito. Incluso, dada la alta incidencia de abuso dentro del seno familiar, acudir inicialmente a los padres puede representar un serio riesgo para la víctima.
Una de sus referencias favoritas son las publicaciones del American College of Pediatricians (Colegio Americano de Pediatras). Quien busque esa organización en internet verá que es un grupo de lobby, clasificado como “grupo de odio” en Estados Unidos. Ese “colegio” surge como un grupo disidente de la Academia Americana de Pediatría (AAP), la organización de pediatras más reconocida de Estados Unidos, con más de 60 mil miembros. Actualmente, el “colegio de pediatras” cuenta unos 200 miembros, que se organizaron cuando la AAP publicó un consenso científico certificando que los niños adoptados por parejas homosexuales no tenían problemas psicológicos. Esta conclusión incomodó a un grupo de pediatras conservadores que fundaron el mentado colegio. Si se buscan sus publicaciones, a diferencia de la AAP, nunca han escrito sobre vacunas, resfriados, meningitis o enfermedades congénitas. Sus únicos temas son anticonceptivos, sexo en adolescentes y críticas contra los homosexuales, a quienes consideran enfermos mentales, susceptibles a “curarse”.
Otro de los métodos de Frenasexo y sus voceros es negarse a asistir a foros donde se pueda cuestionar abiertamente sus argumentos. Acuden a entrevistas y presentaciones en las que solo participan quienes apoyan su visión conservadora, y así rumiar entre todos sus ideas.
Algo que es difícil desligar del actuar de Frenasexo es su vinculación con las iglesias católica y evangélica. Para el próximo miércoles se está convocando una marcha contra el proyecto de ley 61. En redes sociales enviaron este mensaje: “Todos a la marcha el miércoles 13 de julio, 4:00 p.m. saliendo iglesia de El Carmen hasta plaza 5 de Mayo. Y oremos. Muy importante el enemigo de Dios y de sus hijos es ‘poderoso’. pero lo derrotaremos, como a Goliat, ¡con la oración e intervención divina! ¡Con Dios somos invencibles!”.

Honestamente, si esto no es una agenda religiosa, que alguien me explique...

LA INCONSTITUCIONALIDAD DEL PROYECTO DE LEY 61

Haydée Méndez Illueca
Abogada

En medio de todo el alboroto sobre el Proyecto 61, que no es más que la repetición de disposiciones ya contenidas en muchas leyes promulgadas después que se redactó el primer anteproyecto sobre el tema, a muchos se les ha escapado que tiene dos artículos al final que son inconstitucionales.

No quiero pensar que se quiso meter un gazapo intencionalmente, sino más bien que se debe a la falta de conocimiento sobre el tema.  No obstante, supe que los diputados habían comentado que esos dos artículos “los iban a sacar en el segundo debate”, y eso sí que no me lo creo.  Me refiero a los artículos 17 y 18 del Texto Único del Proyecto de Ley 61.

El 25 de noviembre de 2015 presenté un Recurso Extraordinario de Inconstitucionalidad contra el artículo 3 y el numeral 2 del artículo 4 de la Ley 7 de 2013, “Que establece el marco regulatorio para la esterilización femenina”, que todavía no ha sido fallado por la Corte Suprema de Justicia.  El diputado que presentó el proyecto de ley tiene copia del recurso de inconstitucionalidad y se le explicó detalladamente por qué dos artículos de la ley eran inconstitucionales, pero procedió de todas maneras a insertar modificaciones a la ley en el Proyecto 61, sin esperar el dictamen de la Corte Suprema.
El artículo 3 de la ley de esterilización establece que las mujeres tienen que ser mayores de veintitrés años de edad y tener como mínimo dos hijos para poder solicitar la esterilización, mientras que los hombres sólo tienen que solicitarla.  Esto es maternidad forzada.  Si se prohíbe la esterilización forzada, ¿Por qué se establece la maternidad forzada?  El Proyecto 61 modifica el artículo 3, pero en vez de mejorarlo, lo empeora.  Ahora no se conforma con violentar los derechos fundamentales de las mujeres, sino que también se los viola a los hombres y establece la paternidad forzada.  Tal como establece la misma ley de esterilización en su artículo primero, “la esterilización es un derecho personalísimo y voluntario de la mujer”; y por ende, también del hombre.
Como no existe una ley que prohíba la esterilización, las mujeres con suficientes recursos económicos pueden esterilizarse sin cumplir con ninguno de los requisitos establecidos, mientras que aquellas que no cuenten con los recursos necesarios se ven imposibilitadas de esterilizarse, lo que agrava aún más su situación económica.
La práctica de la esterilización no debe ser gratuita en todos los casos, sino sólo para las personas que carezcan de recursos económicos, de acuerdo con el numeral 5 del Artículo 110 de la Constitución Política.  De lo contrario, se impondría una carga insostenible a todos los centros hospitalarios públicos del país.
Insisto en que, a partir de la Ley de Igualdad de Oportunidades para las Mujeres de enero de 1999, se han promulgado por lo menos doce leyes a favor de la mujer, la mayoría de las cuales contienen disposiciones que obligan a la educación sexual en los planteles educativos a todos los niveles.  La educación sexual ya es obligatoria desde hace muchos años, por lo que el Proyecto de Ley 61 es innecesario.  La intención era reunir las disposiciones en una sola ley para facilitar su aplicación, pero la marejada fundamentalista no lo ha permitido. 
Olvidémonos, pues, de este proyecto y cumplamos con las demás leyes que obligan a educar integralmente en sexualidad.  La educación sexual no va a eliminar del todo las infecciones de transmisión sexual ni los embarazos precoces, pero sí va a contribuir enormemente a su reducción.  La educación es un arma para defenderse en la vida; pretender lanzar a nuestros jóvenes a la vida desarmados, es una crueldad.
Los que se oponen al proyecto han inventado cualquier número de mentiras sobre el mismo y han querido satanizar el término “género”, como si fuera la primera vez que se utiliza en una ley, cuando en todas las leyes promulgadas en Panamá de 1981 a la fecha, el término género aparece 127 veces.  No es, pues un término novedoso que se ha inventado sólo para el Proyecto de Ley 61.  Es un término aceptado internacionalmente que se define en varias leyes, como la Ley 6 de 2000 que establece el uso obligatorio del lenguaje, contenido e ilustraciones con perspectiva de género en las obras y textos escolares (donde aparece 15 veces y se define), hasta la Ley 82 de 2013 contra la violencia y el femicidio (donde aparece 8 veces).

En su desesperación por sustentar en alguna forma su posición, quienes se oponen al proyecto han relacionado el homosexualismo, la masturbación, el aborto, el bestialismo y hasta fallos de tribunales extranjeros, con la educación integral en sexualidad en las escuelas panameñas, creando así un clima de odio y miedo entre la población. 


Usar la ignorancia de otros para tener poder y dinero es el peor “pecado” que pueden cometer los “príncipes” de cualquier iglesia.  Adicionalmente, los diputados estarán pagando un costo político por su insistencia.  Por todo esto, mi opinión es que debemos olvidarnos de este proyecto de ley y simplemente cumplir con las leyes existentes, que son más que suficientes para tomar acción contra el problema de salud pública que tenemos entre manos.

El Género no es una “ideología”

Por:  Haydée Méndez Illueca
Abogada especialista en Género y Derecho Penal

Debemos tener claro el significado de cuatro términos: Sexo es la palabra que hace alusión a las diferencias biológicas relacionadas con los órganos reproductivos y otros rasgos físicos y fisiológicos entre los seres humanos y distingue entre machos y hembras de la especie humana. 

Género, por el contrario, se refiere a las características que socialmente se atribuyen a las personas de uno y otro sexo, los roles socialmente construidos, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad considera como apropiados para hombres y mujeres.  Según la IV Conferencia Mundial de la Mujer de 1995, “el género no se refiere simplemente a mujeres u hombres, sino a la relación entre ellos y la manera en que se construyen socialmente.  Debido a que es un término relacional, el género debe incluir a mujeres y hombres.  Al igual que los conceptos de clase, raza y etnicidad, el género es la herramienta analítica para entender los procesos sociales.  La relación entre hombres y mujeres cambia de una época a otra y de una sociedad a otra.  Hace unos siglos no se les permitía a las mujeres aprender a leer y escribir; todavía hoy hay una polémica en ciertos países islámicos sobre si se le debe dar educación o no a las mujeres y permitirles conducir vehículos.

Ideología se define como un conjunto de ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de una colectividad o una época, tendiente a conservar o transformar el sistema social, económico, político o cultural existente.  Ejemplos serían el fascismo, nacionalismo, liberalismo o anarquismo.  Karl Marx transformó a la ideología en el conjunto de ideas cuya relación con la realidad es menos importante que su objetivo: evitar que los oprimidos perciban su estado de opresión.

La perspectiva de género (que no es una ideología) es un enfoque inclusivo, porque incluye los intereses, derechos, necesidades, realidades y puntos de vista de mujeres y hombres en todos los aspectos, con miras a modificar políticas, planes o programas para hacerlos más equitativos.  Por ejemplo, que la policía compre motos más pequeñas para las mujeres que para los hombres, tomando en cuenta la realidad de que por lo general las mujeres son más pequeñas y pesan menos.

Históricamente, el término género es de acuñación reciente en las ciencias sociales, ya que comenzó a usarse a principios del siglo XX.  La antropóloga Margaret Mead observa que en diferentes culturas se les asignaba a las mujeres y hombres determinados roles; Simone de Beauvoir en 1948 en su libro “El Segundo Sexo” observa que la conducta femenina no era innata, sino el resultado de un acondicionamiento; pero no fue hasta la segunda mitad del siglo que John Money y Robert Stoller acuñaron específicamente el término “género” para describir esta realidad.


Los opositores a las guías de educación integral en sexualidad insisten en cuestionar lo que llaman la “ideología de género” porque en su opinión “promueve libertades peligrosas”.  Primero, no se puede concebir una libertad “peligrosa” – lo peligroso es no tener libertad.  Seguramente la referencia era a “libertinaje” y no a libertad; y cualquiera que se lea las guías se podrá dar cuenta de que éstas no promueven el libertinaje.  El Diccionario de la Real Academia Española tiene unas nueve acepciones de la palabra género, ninguna de las cuales promueve “libertades peligrosas”.  La educación sexual está diseñada precisamente para propiciar la responsabilidad familiar y no el libertinaje.  La idea es proteger a la niñez y la adolescencia del abuso sexual, las enfermedades de transmisión sexual y embarazos precoces, enseñándoles valores y respeto, tanto hacia los de su mismo sexo como los del sexo opuesto.  Por eso se llama educación integral en sexualidad – porque integra todos estos elementos de ética, salud y socialización.

martes, 31 de marzo de 2015

Jesús y el “chico” del homosexual: Mt 8, 5-13 par

Xavier Pikaza
www.religiondigital.com/180315

RD ha publicado hace unos días la noticia de que el Papa Francisco nombrará un coordinador para la investigación de la pederastia clerical en España. En ese contexto se sigue planteando en algunos medios no sólo el tema de la pederastia (que es un crimen), sino el de la homosexualidad (que es una conducta afectiva y sexual).

En principio esos temas no tienen relación ninguna, pues la pederastia puede darse lo mismo entre homo- como entre hetero-sexuales (aunque en ciertos ambientes cerrados ha podido darse más entre homosexuales).

Pero, a fin de plantearlos mejor, en clave de evangelio, me parece conveniente recoger en este portal un trabajo que mi amigo Ariel Álvarez Valdés acaba de publicar sobre el milagro de Jesús con el “amante” del Centurión de Cafarnaúm. Es difícil mejorar lo que Ariel dice pero, dado que me cita (he desarrollado el tema en algún lugar de mi Diccionario de Biblia y en un Blog de RS21, año 2006), publicaré tras el estudio de Ariel mi propio y pequeño trabajo sobre el tema.

Gracias, Ariel, una vez más, por admitir mi compañía en este portal de RD.


¿HIZO JESÚS UN MILAGRO A UN HOMOSEXUAL?

Álvarez Valdés


Las iglesias cristianas suelen condenar de manera terminante la práctica homosexual. La consideran un acto intrínsecamente desordenado e inaceptable. El Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica, por ejemplo, la califica de grave depravación, y de triste consecuencia del rechazo a Dios (nº 2357). Y algunos teólogos protestantes, como Kart Barth, la han llamado “fenómeno perverso” y “una inversión del orden natural de la creación”. A su vez, todos dicen oponerse a ella basándose en la Biblia.

Ahora bien, resulta curioso que en los Evangelios no exista ninguna frase o enseñanza de Jesús sobre el tema, algo sumamente llamativo porque la homosexualidad era un fenómeno bastante extendido en la cultura greco-romana de su tiempo. Los poetas la ensalzaban en sus obras; la sociedad la toleraba como un hecho habitual; y Palestina estaba rodeada e impregnada de esa cultura. Basta ver un mapa del país para comprobar que existían unas 30 ciudades griegas en su territorio.

¿Cómo es que Jesús no opinó o aludió nunca a esa cuestión?

Un número creciente de biblistas, como T. Horner (1978), M. Gray-Fow (1986), G. Theissen (1987), D. Mader (1992), J. E. Miller (1997), T. D. Hanks (2000), T. Jennings (2004), T. Benny Liew (2004), R. Goss, y X. Pikaza (2006), sostienen que no hallamos en los Evangelios referencias a ella porque Jesús nunca condenó expresamente la homosexualidad. Y para ilustrarlo, afirman que una vez le hizo un milagro a un homosexual sin cuestionar su condición. El favorecido fue un centurión de Cafarnaúm (Mt 8,5-13).

Tierra de dos gobiernos

Este hombre es uno de los personajes más impresionantes del Evangelio. Se trata del único militar que acude a Jesús. El único que le pide un milagro a distancia. El único que le contó una parábola. Y el único al que Jesús alabó por tener la fe “más grande” de todo Israel (Mt 8,10), colocándolo así por encima de sus discípulos y de la virgen María.

El relato comienza diciendo que cierto día en que Jesús se hallaba en Cafarnaúm, se le acercó un centurión para rogarle: “Señor, mi muchacho está en casa enfermo de parálisis y sufre terriblemente” (Mt 8,6).

En aquella época, Palestina contaba con dos clases de ejércitos. Uno era el de Roma, ya que el país estaba sometido a su dominio desde hacía muchos años. El Nuevo Testamento menciona a varios de sus integrantes: el soldado (Mc 15,16), el centurión (Mc 15,39), el tribuno (Jn 18,12), la cohorte (Jn 18,3), la caballería (Hch 23,23). Todos ellos dependían del gobernador romano Poncio Pilato.
Pero Pilato sólo administraba el centro y sur del país (Samaria, Judea e Idumea), y sólo allí estaban sus tropas, mientras que el milagro de Jesús ocurrió en Cafarnaúm, es decir, al norte. Por lo tanto, este militar no pertenecía al ejército de Pilato. Formaba parte del regimiento provinciano de Galilea, que protegía esa región, y dependía del tetrarca Herodes Antipas. Aunque más modesto y reducido que el romano, estaba organizado a semejanza de éste, tanto en su estructura, como en su jerarquía y su disciplina. Sus integrantes eran en su mayoría paganos, y de cultura griega. De hecho, Mateo indica expresamente que el militar que fue a verlo no era judío (Mt 8,10).

Ni hijo ni sirviente

Este oficial tenía el grado de “centurión”. Así se llamaban los que estaban al frente de una centuria, es decir, cien soldados. Tenía, pues, una categoría alta dentro del ejército herodiano.

La presencia de un funcionario de esa jerarquía en Cafarnaúm es comprensible. La ciudad se hallaba en la frontera internacional, a sólo 5 kilómetros del límite entre Galilea y Galaunítide. Además, la atravesaba una de las rutas comerciales más importantes del país. Por eso estaba protegida por una centuria. El centurión era la máxima autoridad civil de la ciudad.

Según Mateo, el militar se presentó ante Jesús y le rogó que curara a un joven paralítico que estaba en su casa y sufría mucho. ¿Quién era el enfermo? Mateo no lo dice. Sólo lo identifica con la palabra “páis”, término griego que significa “joven”, “muchacho”. Algunas Biblias lo traducen por “sirviente”. Pero es un error, porque cuando Mateo se refiere a un sirviente usa la palabra “doúlos”. Así por ejemplo, en este mismo episodio el centurión le dice a Jesús: “cuando le pido a mi sirviente (doúlos) que haga algo, lo hace” (v.9). Evidentemente el muchacho no era un sirviente.

Otras Biblias prefieren traducirlo por “hijo”. Pero tampoco es correcto, porque Mateo para hablar de un hijo emplea el término “houiós”, como se ve también en este episodio (v.12). Nunca, de las 26 veces que Mateo utiliza la palabra “páis”, se refiere a un “hijo”.

Existe además una razón histórica que impide traducirlo por “hijo”. Y es que los centuriones tenían prohibido casarse y tener hijos mientras prestaban servicio en el ejército. Sabemos que hacia el año 13 a.C. el emperador Augusto prohibió mediante una ley a los soldados que estaban por debajo del grado de oficiales senatoriales y ecuestres (incluidos los centuriones) tomar esposa y formar una familia. La prohibición fue levantada en el 197 d.C. por el emperador Septimio Severo. Por lo tanto, el muchacho paralítico no podía haber sido hijo del centurión.

Por un sueldo superior

Si el joven enfermo no era ni sirviente ni hijo del centurión, ¿qué relación tenía con él? Existe un tercer sentido de la palabra “páis” (muchacho), conocido gracias a los estudios de la literatura clásica, y es el de “amado” o “favorito” en una relación homosexual. Se lo llamaba “muchacho” afectuosamente, aun cuando fuera adulto.

En efecto, historiadores griegos como Tucídides (s.V a.C.), Jenofonte (s.IV a.C.), Calímaco (s.III a.C.), Polieno (s.II a.C.) y Plutarco (s.I), cuentan cómo ya en aquel tiempo los comandantes griegos solían tener sus jóvenes amantes (“páis”) dentro del ejército, con los cuales convivían. Algunos describen incluso las peleas que a veces se daban entre los oficiales por “algún muchacho bello en el que un soldado había puesto su corazón”.

Otros autores e historiadores romanos como Plauto (s.III a.C.), Valerio Máximo (s.I), Marcial (s.I) y Tácito (s.II) narran historias de oficiales de la legión romana que tenían soldados como amantes, y dan hasta los nombres de ciertos centuriones afectos a esas prácticas.

El término “páis”, pues, en el ambiente castrense antiguo, era comúnmente utilizado para referirse al joven amante de una pareja homosexual.

Que semejante práctica se hallaba muy extendida, lo confirma un reciente estudio arqueológico realizado en un campamento romano del siglo I, en Vindolanda (Inglaterra). Los restos hallados en algunas de las habitaciones excavadas, han llevado a los arqueólogos a exclamar que éstas se asemejaban más a un burdel masculino que a un cuartel.
Esto corrobora que en el ejército romano (y sin duda también en el de Herodes) los centuriones y demás superiores convivían con jóvenes amantes; lo cual les era facilitado porque recibían una paga superior a la del resto de los soldados, y dormían en cuarteles más amplios.

Fuera de casa es mejor

Es posible, entonces, que el joven por el que viene a interceder el centurión sea su propia pareja. Si esto es así, se aclara un detalle difícil de explicar, y es por qué un militar de su rango se toma el trabajo de ir personalmente a implorar a Jesús por un simple sirviente. Pero al ser una persona afectivamente importante para él, la dificultad desaparece.

También se aclara otro punto oscuro del relato, y es la negativa del centurión a que Jesús vaya a su casa. En efecto, cuando Jesús quiere ir a curar al enfermo, sorpresivamente el centurión se lo impide y le dice: “Señor, yo no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que digas una palabra y mi muchacho se sanará” (Mt 8,7-8).

¡Qué reacción tan insólita! Todo el mundo quería que Jesús tocara a sus enfermos y les impusiera las manos. Algunos incluso los llevaban cargando con grandes sacrificios, como los cuatro amigos que descolgaron por el techo a un paralítico (Mc 2,1-12), o el padre que llevó a su hijo en medio de convulsiones (Mc 9,14-27). Y cuando era imposible llevarlo, le pedían que Jesús fuera a su casa, como Jairo cuando se moría su niña (Mc 5,21-24), o la mujer griega con su hijita endemoniada (Mc 7,24-26). Pero que alguien se oponga a que Jesús vaya a ver a un enfermo, es algo inaudito en el Evangelio. ¿Qué razón poderosa movió al centurión a obrar de esa manera?

Según sus propias palabras, él no era digno. Pero no explica porqué. Ahora bien, sólo una razón de tipo moral puede justificar semejante indignidad. Y debió de haber sido la vergüenza de llevar a Jesús a donde convivía con su joven amante, sabiendo que los judíos rechazaban enérgicamente la práctica de la homosexualidad.

Que lo arregle una embajada

La versión de este milagro, que encontramos en el Evangelio de Lucas, reafirma en cierto modo tal interpretación (Lc 7,1-10). Este evangelista, al contar el episodio, debió hacerle algunos cambios para evitar el escándalo de sus lectores.

En primer lugar, viendo que la palabra “páis” (“joven”) tenía connotaciones sexuales, prefirió reemplazarla por el término griego “doúlos”, presentando así al joven como “sirviente” del centurión. Pero con este cambio creó un problema: ¿cómo era posible que un militar de su categoría se interesara por un simple esclavo?

Para solucionarlo, añadió que era un sirviente “muy querido” (v.2). Además agravó la enfermedad del muchacho: en vez de decir que estaba paralítico, dijo que se estaba muriendo (v.2). Con todo esto, pretendía justificar la urgencia del centurión. Pero de nuevo uno se pregunta: ¿por qué quería tanto a su sirviente, al punto de abandonar sus obligaciones militares e ir personalmente a buscar a alguien que lo curara?
Comprendiendo la nueva dificultad que había provocado, decidió hacer un segundo cambio y decir que no fue el centurión quien salió a buscar a Jesús, sino que mandó una delegación de judíos para que lo buscara en su nombre.

Atenuando la humillación

Estas modificaciones operadas por Lucas en su relato generaron un tercer inconveniente. Ahora el centurión no tiene problemas de que Jesús vaya a su casa. Pero si Jesús va, pierde fuerza el sentido del milagro, cuyo centro es la fe del centurión en el poder a distancia de Jesús. Entonces Lucas resolvió agregar una segunda embajada del centurión, para detener a Jesús y que no llegara a su casa (v.6). ¡Una evidente incoherencia, ya que dos versículos antes le había rogado que fuera!

Cuando llega la primera embajada ante Jesús, resulta curioso ver cómo en vez de pedirle que vaya a curar al joven (que era lo esperable), comienza a alabar al centurión y a decir que es un hombre “digno” (v.4). ¿Por qué? Es que Lucas, sabiendo que más adelante llegará la segunda embajada del centurión diciendo que no es digno de que vaya a su casa, lo hace alabar de antemano, con el fin de alejar cualquier sospecha de indignidad moral del militar.

De este modo, con modificaciones, incoherencias, marchas y contramarchas, Lucas pudo rescatar el episodio para sus lectores.
Ahora es otro el que no quiere

Una tercera versión de este milagro la encontramos en el Evangelio de Juan (Jn 4,46-53). Y también él debió realizar cambios para evitar la posible turbación de sus destinatarios.

Ante todo, al igual que Lucas suprimió la palabra “páis” por las connotaciones sexuales que podía tener, y en su lugar empleó el término griego “huiós”, convirtiendo así al joven en “hijo” del centurión.

Pero el evangelista sabía que eso no era posible, porque los militares no solían tener hijos ni vivir con sus familias hasta después de licenciarse. Entonces tuvo que reemplazar al centurión por un “funcionario real”, es decir, por un empleado de la corte del gobernador Herodes Antipas. Así, transformó al soldado pagano y de costumbres sospechosas en un judío (como se deduce del v.48).

Al tratarse ahora de un judío, cuya moral no encerraba escándalo alguno, el Evangelio de Juan no tiene ya motivos para que el funcionario no quisiera recibirlo en su casa. Pero si Jesús va, no podrá curarlo a distancia, que es el objetivo del relato. Entonces dice Jesús mismo se niega a ir. ¿El motivo? Porque el funcionario, como buen judío, sólo quiere ver signos maravillosos. Y le pide que regrese a su casa confiando en la sanación de su hijo. Ahora ya no es el hombre el que muestra una fe prodigiosa, sino Jesús el que le pide una fe prodigiosa.

Una terrible palabra

Mateo parece haber conservado, en su Evangelio, el recuerdo de un milagro a un homosexual, retocado más tarde por Lucas y Juan. Y llama la atención el silencio de Jesús ante su condición. No lo reprende por su forma de vida, ni lo rechaza, ni lo condena. Lo cual no significa que Jesús estuviera a favor de la homosexualidad, ni que la fomentara. Simplemente no la juzgó. No entró en cuestiones de sexualidad, seguramente por considerarlas de índole privada.

Lo mismo hizo el día que una prostituta se echó a sus pies llorando y buscando el perdón. Le dijo: “Tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lc 7,50). No le dijo: “no peques más”, como le ordenó a la adúltera (Jn 8,11). Le otorgó el perdón sin meterse en su vida sexual, ni condicionarla a que cambiara de profesión. Quizás prudente ante la posibilidad de que aquella pobre mujer no tuviera otra forma de ganarse la vida. Muchas vivían en aquel tiempo en condiciones sociales deplorables, a veces impuestas por la sociedad, y Jesús no interfirió en lo que tal vez era su único medio de subsistencia.

Asimismo en el sermón de la montaña Jesús prohibió reírse de las minorías sexuales. Allí enseñó: “Todo el que diga a su hermano «raka» será condenado por el Sanedrín” (Mt 5,22). Las Biblias suelen traducir esa palabra por “insensato, necio”. Pero no parece ser ése el sentido. Jesús llama insensatos y necios a los fariseos (Mt 23,17), y es absurdo que después prohíba usar esa palabra. En realidad raka deriva del arameo “reqa”, que significa “suave, blando, tierno” (Gn 18,7; 29,17; 33,13), y aludía a las personas afeminadas. Lo que Jesús dijo, entonces, fue: “Todo el que le diga a su hermano «maricón» será condenado por el Sanedrín”.

Por el sol y por la lluvia

Resulta asombroso ver lo tolerante que fue Jesús con las personas y grupos marginados de su tiempo: pecadores, mujeres, cobradores de impuestos, samaritanos, prostitutas, locos, extranjeros, endemoniados, homosexuales. Hasta llegó a comer con ellos (Mc 2,15), lo que en su cultura era la forma suprema de unión con esa gente.

Su tolerancia llegó a escandalizar a muchos (Lc 15,1), porque esas personas estaban condenadas por la religión de su tiempo. Pero Jesús tenía en claro que, entre lo religioso y lo humano, sólo lo humano es intocable y fundamental. A veces por salvar los derechos de la religión hemos vulnerado los derechos humanos. Por defender un dogma hemos quemado al hereje. Por cuidar la moral hemos despreciado al homosexual. Por preservar una ética hemos apedreado a la adúltera.

Ciertamente la tolerancia entraña sus peligros, y puede hacer creer que todo vale y que todo está bien. Pero para Jesús más peligroso aún era humillar a una persona por motivos religiosos, ya que con ello se justifica un sectarismo que convierte la vida en opresiva, despótica e injusta. Y esto hace más daño que cualquier idea religiosa desviada.

Jesús enseñó que el Padre que está en los cielos no hace diferencias con sus hijos. Que “hace salir el sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos e injustos” (Mt 5,45). Todos necesitan el sol de nuestro amor, y precisan la lluvia de nuestro respeto. Y si queremos parecernos al Padre del cielo, como Jesús lo ordenó, debemos aceptar a quienes son diferentes, sin humillarlos ni querer cambiarlos. Y mucho menos en nombre de Dios.


JESÚS SANA AL AMANTE DEL CENTURIÓN

Xabier Pikaza
http://21rs.php/2006/05/25/jesus-sana-al-amante-del-centurion

En tiempos de Jesús, había en Palestina dos tipos de soldados oficiales (dejando a un lado a los posibles celotas o soldados-guerrilleros al servicio de la liberación judía).

Unos eran los del ejército romano propiamente dicho, que dependían del Procurador o Prefecto (Poncio Pilatos), que gobernaba de un modo directo sobre Judea y Samaría. Otros eran los del tetrarca-rey Herodes Antipas, que gobernaba bajo tutela romana en Galilea (y los de su hermano Felipe, tetrarca de Iturea y Traconítide, al otro lado de la frontera galilea).

El Prefecto romano contaba con unos tres mil soldados de infantería y algunos cientos de caballería, acuartelados básicamente en Cesarea, que solían provenir del entorno pagano de Palestina y funcionaban como ejército de ocupación. De todas formas, no era frecuente verlos en la calle o en los pueblos, ni siquiera en Jerusalén, donde gobernaba el Sumo Sacerdote y su consejo, con la ayuda de algunos miles de «siervos» o soldados de la guardia paramilitar del Templo. De todas formas, en los tiempos de crisis o en las fiestas, el Prefecto romano subía a Jerusalén y se instalaba en la Fortaleza Antonia, junto al templo, desde donde controlaba el conjunto de la ciudad.

Probablemente residía allí una pequeña cohorte destacamento militar, pero no se mezclaba en la vida civil y religiosa de la ciudad.

El Rey (=Tetrarca) Herodes Antipas gobernaba en Galilea, bajo control de Roma, pero con una gran autonomía. Tenía que proteger las fronteras y mantener el orden dentro de su territorio, pagando un tributo a Roma. Para ello tenía sus propios soldados, organizados como los de Roma.

En caso de necesidad, los soldados romanos tenían que ayudar a los de Herodes y los de Herodes ayudar a los romanos. Según eso, en Galilea no existía un «ejército de ocupación», ni tampoco un dominio directo de Roma, aunque muchos «nacionalistas galileos», partidarios de un estado israelita, consideraban a Herodes como a un usurpador y a sus soldados como ejército opresor. Por otra parte, es normal que los soldados de Herodes fueran también de origen pagano, como los de Poncio Pilatos, aunque podían ser también judíos.

Desde ese fondo han de entenderse algunos pasajes del evangelio que hablan de la relación de Jesús y de sus seguidores con soldados. El texto más significativo es aquel donde se dice a los creyentes que superen la actitud del «ojo por ojo y diente por diente», propia de los ejércitos del mundo, para añadir: «No resistáis al que es malo (al mal); por el contrario, si alguien te hiere en la mejilla derecha, ponle también la otra...; y al que te obligue a llevar la carga por una milla llévasela dos» (Mt 5, 39-40).

Estas últimas palabras se refieren al servicio obligatorio que las fuerzas del ejército (de Herodes o Pilatos) podían imponer sobre los súbditos judíos: obligarles a llevar cierto peso o cargamento a lo largo de una milla. Pues bien, en vez de pregonar la insurrección o la protesta violenta, Jesús pide a los oyentes que respondan de manera amistosa a la posible violencia de los soldados. Esta es su forma de (no) oponerse al mal, para vencer la perversión del mundo a través de un gesto bueno. Jesús no condena a los soldados imperiales: quiere enfrentarles ante el don del reino, enriquecerles con la gracia del Padre que es bueno para todos (cf. Mt 5, 45).

En este fondo se sitúa su relación con el centurión que tiene un amante enfermo y que pide a Jesús que le cure (Mt 8, 5-13 par.). La escena ha sido elaborada por la tradición en el contexto de apertura eclesial a los paganos, pero en su fondo hay un relato antiguo (transmitido al menos por el Q; cf. Lc 7, 1-10; Jn 4, 46b-54). Jesús no ha satanizado a los soldados, ni ha querido combatirlos con las armas, sino que ha descubierto en ellos un tipo de fe que no se expresa en la victoria militar, sino en la curación del amigo enfermo:
Al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un centurión, que le rogaba diciendo: «Señor, mi amante (pais) está postrado en casa, paralítico, gravemente afligido». Jesús le dijo: «Yo iré y le curaré». Pero el centurión le dijo: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra y mi siervo sanará, pues también yo soy hombre bajo autoridad y tengo soldados bajo mis órdenes, y digo a este "ve" y va y al otro "ven" y viene; y a mi siervo "haz esto", y lo hace».

Al oírlo Jesús, se maravilló y dijo a los que lo seguían: «En verdad os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los cielos; pero los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes». Entonces Jesús dijo al centurión: «Vete, y que se haga según tu fe». Y su amante quedó sano en aquella misma hora (Mt 8, 5-12).

Este es un soldado con problemas. Es un profesional del orden y obediencia, en el plano civil y militar, un hombre acostumbrado a mandar y a ser obedecido. Es capaz de dirigir en la batalla a los soldados, decidiendo así sobre la vida y la muerte de los hombres. Pero, en otro nivel, es un muy vulnerable: padece mucho por la enfermedad de un siervo amante. Pero antes de seguir será preciso que nos detengamos y preguntemos sobre la identidad de este pais del centurión, que hemos traducido como «amante».

Esa palabra (pais) puede tener tres sentidos, siervo, hijo y amante (casi siempre joven), y puede resultar escandalosa. El texto paralelo de Jn 4, 46b evita el escándalo y pone huios (hijo), en vez de pais; pero con ello tiene que cambiar toda la escena, porque los soldados no solían vivir con la familia ni cuidar sus hijos hasta después de licenciarse; por eso, el centurión aparece aquí como un miembro de la corte real de Herodes (un basilikós). También Lc 7, 2 quiere eludir las complicaciones y presenta a ese pais como doulos, es decir, como un simple criado, al servicio de centurión; con eso ha resuelto un problema, pero ha creado otro: ¿es verosímil que un soldado quiera tanto a su criado?

Por eso preferimos mantener la traducción más obvia de pais dentro de su contexto militar.

En principio, el centurión podría ser judío, pues está al servicio de Herodes, en el puesto de frontera de su reino o tetrarquía (Cafarnaúm). Pero el conjunto del texto le presenta como un pagano que cree en el poder sanador de Jesús, sin necesidad de convertirse al judaísmo (o cristianismo). Pues bien, como era costumbre en los cuarteles (donde los soldados no podían convivir con una esposa, ni tener familia propia), este oficial tenía un criado-amante, presumiblemente más joven, que le servía de asistente y pareja sexual.

Este es el sentido más verosímil de la palabra pais de Mt 8,6 en el contexto militar. Ciertamente, en teoría, podría ser un hijo o también un simple criado (como suponen los paralelos de Juan y Lucas). Pero lo más sencillo y normal es que haya sido un amante homosexual, alguien a quien otros libros de la Biblia (quizá Rom 1, 24-27) habrían condenado.

Pero, gracias a Dios, como sabemos por el texto siguiente («¡cargó nuestras enfermedades...!»: Mt 6, 17), Jesús no era un moralista, sino un mesías capaz de comprender el amor y debilidad de los hombres (en el caso de que el amor homosexual lo fuera). Jesús sabe escuchar al soldado que le pide por su amante y se dispone a venir hasta su casa-cuartel (¡bajo su techo!), para compartir su dolor y ayudarle. Hubiera ido, pero el oficial no quiere que se arriesgue, pues ello podría causarle problemas: no estaba bien visto ir al cuartel de un ejército odiado para mediar entre dos homosexuales; por eso le suplica que no vaya: le basta con crea en su dolor y diga una palabra, pues él sabe lo que vale la palabra. Jesús respeta las razones del oficial, acepta su fe y le ofrece su palabra.

El resto de la historia ya se sabe: Jesús cura al siervo-amigo homosexual y presenta a su amigo-centurión como signo de fe y de salvación, sin decirles lo que deberán hacer mañana. Es evidente que no exige, ni quiere, que rompan su amor, sino que lo viven en fe y amor de Reino.


¿Por qué fracasan los feminismos religiosos?

Nazanin Armanian
www.publico.es/210315

Pasan algunas décadas desde que los planteamientos generales de un feminismo sin adjetivos, adaptados a las circunstancias concretas de cada país, mostraban su gran capacidad y eficacia en reclutar a millones de mujeres y algunos hombres deseosos del progreso, para acabar con los escándalos de discriminación que sufre la mitad de la humanidad por razón de género. Sus conquistas forman parte de la revolución silencioso-social más importante del siglo pasado.

Logros frágiles que desde finales del 1970 han sido duramente atacados por un agresivo y desenfrenado capitalismo que, en alianza con los fundamentalistas religiosos, ha llegado incluso a borrar del mapa a estados y pueblos enteros con el fin de ampliar sus propiedades y su maldito mercado.

En este desorientador marco es donde aparecen las nuevas “olas” del feminismo con nuevos retos y desafíos. Pero también el movimiento de los “feminismos” religiosos, que viste con disfraces modernos los demacrados conceptos con el fin de teorizar el estatus inferior de la mujer “por su destino bilógico”. Se confirma así la relación directa entre el sexismo, el racismo y el especismo, para que la diferencia sea sinónimo de la privación de derechos. Hijas de la derecha religiosa integrista, con los cambios que piden a sus jerarcas masculinos, consolidan el poder de sus padres y sus padrinos.

Los feminismos cristianos y judíos

Empecemos por diferenciar entre las “feministas religiosas” y las “religiosas feministas”. Unas son el principal componente del movimiento secular feminista global. Desde su espiritualidad e independencia de las instituciones religiosas abogan por los derechos de todas las mujeres en general. Las otras respaldan organizaciones y estados teocráticos. Y dentro de ellos reclaman un trato igualitario para “sí mismas”. Las cristianas católicas piden la ordenación para la mujer en la Iglesia, y las judías, dentro del Estado semiteocrático israelí, demandan al Gran Rabinato poder rezar libremente en el Muro de los Lamentos, o reconocer su igualdad con el hombre en la Ley de Familia.
Súplicas que, a pesar de ser inofensivas (aun alcanzando el máximo poder, ellas divulgarán el mismo plan de los textos sagrados para las mujeres), han sido rechazadas por sus jefes varones. Hasta el aperturista Papa Francisco, que con el fin de recuperar la influencia de la iglesia es capaz de cambiar de actitud hacia los divorciados y homosexuales (sin que se agriete la homofobia), considera también una tontería la ordenación de la mujer. ¿Mujer y poder? ¡Y mañana estas brujas pedirán la disolución de la familia tradicional, el pilar del patriarcado, del sistema de mercado y de la propiedad privada!

Fuera de la iglesia, las mujeres de la teología cristiana de liberación o de la interesante teología eco-feminista, construyen con sus manos una sociedad justa para todos y todas.

¿Y el Feminismo Islámico?

Existen dos diferencias esenciales entre el “feminismo islámico” (FI) y los antes mencionados: que sus precursoras lo consideran una doctrina válida para todos los tiempos, lugares y grupos humanos, y que no se centran en demandar cargos y oficios dentro de las instituciones religiosas. La razón se debe a las circunstancias concretas en las que nacieron:

Como corriente político-religiosa, el FI aparece en el Irán del principio los 1990 cuando el veterano movimiento feminista liderado por organizaciones de izquierda fue declarado prohibido por quienes pensaron que, eliminando a las portavoces de un grave problema social, éste desaparecería de forma automática. ¡Error! Poco después, las propias mujeres vinculadas con el poder –como Faeze Hashemi, hija del entonces presidente Rafsenyani- descubrieron la humillación legalizada en su propia piel, y que la Ley de Familia del 1960 les reconocía más derechos que la de 1990.

Indagaron en los textos sagrados en busca de algún versículo o cita de las autoridades islámicas de hace mil años para reinterpretarlos y presentarlos como alternativa a un apartheid que bajaba el estatus de la mujer del segundo sexo de la era de Pehlevi al subgénero actual. Pretendían así cambiar el pensamiento de los islamistas de extrema derecha que ostentan el poder para acusarles de herejía.

Pronto, estas activistas se dividieron en tres corrientes diferentes:

Las conservadoras. Las de “cásate y sé sumisa” y las de las que la mujer decente sólo existe en términos de madre y esposa, con deberes que están por encima de ser mujer y libre. Consideran que su naturaleza débil y emocional es incompatible con las tareas asignadas a los hombres, creados fuertes y racionales, y de allí su rol y la defensa de la separación entre los géneros en los centros educativos y laborales. Acusan a otros grupos feministas de ser transmisores de la corrupción moral y causante del aumento espectacular de divorcios y de violencia machista, sin dejar de pedir la restricción legal de la poligamia.

Las moderadas. Rechazan la Sharia por ser misógina y anticuada y sólo recurren al Corán para exigir cambios en la legislación, en la política de paridad en los puestos de mando del país, en que el pañuelo sustituya al hijab obligatorio, en que aumente la edad nupcial de las niñas que fue reducida de 20 años en 1978 a 13 actuales, o que la violencia contra la mujer sea delito.

Sin embargo, sus interpretaciones fueron desautorizadas por los y las fundamentalistas, con contundentes versículos del Corán en la mano. Así les recordaban que, por ejemplo, Dios sólo ha enviado profetas de sexo masculino y sólo a ellos les ha hecho revelaciones (Corán, 21:7) o que “los hombres tienen la autoridad sobre las mujeres en virtud de la preferencia que Dios ha dado a unos sobre otros (4:34), o que si no les obedecen, ellos tienen derecho a “corregirlas” con la venia del Creador, o que para denunciar una violación se requiere el testimonio cuatro hombres que la hayan presenciado. Ante la imposibilidad de introducir cambios en el sistema, la mayoría de sus promotoras, como Shirin Ebadi, la premio Nobel de la Paz, han pasado al tercer grupo.

Las “radicales”. Reclaman la separación entre la religión y el poder, y la voluntariedad del velo, ya que no es uno de los cinco pilares del Islam. En su evolución, no sólo han entablado contacto con sus compatriotas exiliadas, sino que empiezan a apreciar los logros de las feministas europeas, dejando de llamarles “corruptas e antimorales”.

Razones del ocaso del FI

Sus propuestas pertenecían a los pueblos semitas y de un pasado lejano: pedían literalmente que la Ley de Talión, extraída del código Hammurabi, del siglo XVIII a.C., respete la igualdad de la mujer: que el valor de un “ojo” del hombre no sea equivalente a dos ojos de mujer o que en la lapidación, ella también sea enterrada hasta la cintura como el hombre que no hasta los pechos, para poder disfrutar de la enmienda que indulta al condenado que consiga liberarse por sus propios medios. ¿Liberarse ella con las manos atadas y enterradas? ¡Aterrador el castigo y mezquina la propuesta de reforma, teniendo en cuenta que los iraníes del siglo XX desconocían este castigo, por lo que podían exigir directamente la abolición de la pena de muerte.

Ignoraron la pluralidad de la población femenina, excluyendo a millones de mujeres iraníes y del mundo, que no fuesen practicantes de su credo. Apoyaban la teocracia, que no el sistema del gobierno por y para el pueblo. Que pidiesen los mismos derechos que el hombre en unos sistemas dirigidos por una élite (como en Arabia Saudi) donde los derechos de los varones como ciudadanos tampoco son respetados tiene poca gracia.

El enfoque anticientífico de su doctrina creacionista justifica la razón de la existencia de la mujer al servicio de la “quietud del hombre” (Corán, 30:21) o “para que Adán no esté solo” (Génesis II: 18 y 22). Principio para justificar la supeditación sagrada de ella a él.

Sus tesis no eran debatibles por irracionales en unos momentos que el feminismo discute la teoría de Judith Butler de que hasta el sexo y la sexualidad pueden ser construcciones sociales que no naturales. Aun hoy, ellas se oponen a que una niña, a partir de los 7-8 años haga lo mismo que los niños de su edad: bailar, cantar, soltar una carcajada, hacer el tonto, etc. impidiendo que teja su identidad; le fuerzan para que empiece a vigilar su sexualidad, centrada además en su virginidad, su principal tesoro. Su cuerpo, al igual que su alma, dejará de cobijar sus propias ilusiones y deseos para ser rellenado con los deseos de sus vigilantes. Esta lucha contra su cuerpo, para que desde esta sutil alienación guste a otros, le perseguirá toda su vida, como la culminación de una sumisión glorificada de los dominados.

Al no dar la importancia la velo (por “no ser problema de la mujer”), ocultaron la profunda relación simbólica que existe entre el poder y la vestimenta ¿Quién lleva los pantalones en tu casa, en tu país? es una pregunta sabia y reveladora.

No criticaron las religiones como sistemas totalitarios que no deja ningún espacio a la libertad de la persona, ni siquiera del pensamiento; guardaron el silencio ante ideas que consideran a la mujer botín de la guerra (en una zona azotada por conflictos bélicos), mantienen el concepto de “esclavo” y también “esclava sexual” (concubina) a quienes se puede vender y comprar.

No tratan los derechos de las personas a la sexualidad libre, ni por ende, se posicionan frente al asesinato de mujeres y hombres por tener relaciones homosexuales o fuera del matrimonio.

Portavoces de las clases media y alta, nunca trataron con la pobreza y la exclusión económica de decenas de millones de mujeres en los países musulmanes. ¿Repartir limosna es lo mismo que la justicia social? La “feminización de la pobreza” significa que el 75% de los 1.300 millones de personas del mundo que viven bajo la umbral de la pobreza sean mujeres, y eso no se debe a una nefasta distribución de los recursos, sino a la propiedad privada sobre las principales fuentes de producción: solo el 1% de las mujeres de África es propietaria de la tierra, y mientras producen el 80% de los alimentos, sufren hambre.

Las FI ni siquiera han tratado la “feminización de las víctimas de las guerras (70%), ni la militarización de la prostitución, ni han promovido un movimiento por la paz.

¿Y las mujeres prostituidas? Ni consejos morales ni una pensión acaba con la raíz del problema que es la cosificación de la mujer en un mercado donde ella es un objeto sexual. ¿Qué se tape bien para dejar de serlo? El velo lo único que transmite a un hombre es justo esta función: ve una mujer, como proveedora de confort sexual y de hijos, y ve su velo, señal de su pudor: su acceso a ella será exclusivo, le será fiel, y eso es todo lo que quiere: sexo, vástagos y seguridad.

Este conjunto de hechos e ideologías son causantes de que en los países del área islámica, solo el 17% de las mujeres reciban un sueldo (mísero) para los trabajos que realizan. Privar a la sociedad de su aportación es el principal motivo del subdesarrollo de la mayoría de dichos Estados, muy por encima del colonialismo destructor.

El movimiento horizontal de la mujer

Aun así, en Irán las líderes del FI fueron detenidas, dejando el paso a una insólita experiencia: el movimiento horizontal y espontáneo de millones de mujeres que empezaron por resistir a las molestos controles del velo por los antidisturbios del “moral”, por “quejarse en público” en pequeños grupos de mujeres mayores (más inmunes a ser arrestadas),y desde un “sororidad” automática, no solo han conseguido alguna libertad en cuanto a la vestimenta, sino fundar decenas de ONGes – en defensa de los derechos de infancia, de los ancianos, por “el ecofeminismo” o los derechos de los animales, etc., llegando a conseguir la inclusión de estudios de género en algunas universidades, o recuperar parte de la Ley de familia de la década de los 1970, o la celebración del marzo, después de 30 años de prohibición.

Hoy, y en este Irán, donde una de cada tres mujeres entre 27 y 34 años vive sola y sin hijos -¡provocando una crisis poblacional!-, y que los divorcios ya superan las bodas, las FI no tienen nada que hacer: 12 directoras del cine de nivel internacional, 46 editoras que han publicado unos 700 títulos de libros firmadas por mujeres, escritoras o traductoras, mujeres alpinistas que conquistan picos del mundo, etc.

Pero el fin del FI en la tierra donde nació no ha impedido que en occidente lo presenten como panacea de la liberación de la mujer del “Tercer Mundo” musulmán, al tiempo que sus gobiernos respaldan a los fundamentalistas como Hermanos Musulmanes, gastando un ingente dinero en celebrar seminarios y conferencias para mantener la religión en la escena y expulsar el laicismo: recuerden que ninguna religión del mundo es post-patriarcal.